Es la economía, la política… ¿o somos nosotros?

    Lo nuestro son las niñas y niños de Colombia. Las pequeñitas y pequeñitos que mañana con su formación harán sus propias políticas y las aplicarán al territorio.

    SEMANA ha sido generosa en darnos este espacio para hablar quincenalmente de la importancia de la nutrición de la primera infancia en Colombia y en el desarrollo geométrico en todos los órdenes que podría generarle en todas sus regiones.

    Nuestras columnas a veces se vuelven repetitivas y un poco monótonas porque no es un tema preferido para nuestros conciudadanos ni tampoco uno que esté en su lista de prioridades. Pero nosotros seguimos insistiendo porque sí es prioritario en el sentido de que es la inversión social más necesaria que tenemos hoy. Esto porque se conecta con el desempeño a futuro del capital humano del cual se derivarán también el correcto manejo del país y la producción de su capital económico en forma tal que se generen excedentes que puedan ser distribuidos a las otras exigencias de la sociedad.

    Hemos dicho que nada puede lograrse sin una buena educación cuyo resultado será de baja calidad si no hay una nutrición adecuada en los primeros mil días a partir de la gestación, época en la cual se forma el 85 % del cerebro de nosotros los humanos. Y hemos repetido que sin un equilibrado contenido de combustible alimenticio sostenido en ese periodo se aumentan enormemente los costos posteriores y se reduce dramáticamente la productividad del individuo que ya nunca tendrá las mismas posibilidades de asimilar la educación que sí tienen aquellos pocos privilegiados que reciben una alimentación sana, continuada y completa.

     

    ¿Es este un problema económico-político exclusivamente o es un problema de educación, de moral y de solidaridad colectiva?

    Difícil es responder a esta pregunta, pero me atrevo, asumiendo las críticas y posibles consecuencias de decirlo en una forma tan directa, que creo que es más un problema de falta de solidaridad, de amor y de compromiso social y colectivo. Seguro que también es un problema de ignorancia en algunos casos pero por encima de ello creo que es un problema de falta de generosidad social y de un deseo genuino de construir una sociedad sólida, rica y educada a largo plazo que al final nos beneficiaría a todos. El inmediatismo y el egoísmo de muchos de nosotros priman sobre la necesidad de entender que sin esa primera piedra no habrá grandes posibilidades de construir un País fuerte y sostenible.

    Hoy no daré datos y estadísticas acerca de cómo estamos. Ustedes saben que seguimos aún muy lejos de las naciones que sí lo han entendido. Me pregunto mejor de forma abierta: ¿Por qué es esto? ¿Por qué somos así?

    Muchos dirán que es dramatismo pero cuando leo noticias de que se robaron los dineros destinados a la alimentación de los niños menos favorecidos aquí y allí en Colombia o que se paralizaron redes de distribución eficientes y reconocidas para hacer llegar los alimentos a los más necesitados basados en piruetas jurídicas o manejos de argumentos de poco peso en ciudades o departamentos me preocupa no solo el futuro de los niños sino el de toda Colombia como sociedad y me cuestiono para qué es la política.

    Nuestra constitución del 91 es bastante liberal en el sentido social y ampliamente democrática. Mucho mejor en el papel que lo que se ha logrado en la práctica. ¿Cómo la entendemos? ¿Cómo la llevamos a los hechos? ¿Por qué nos hemos llenado de obstáculos para poder ponerla en práctica sin entregar los principios y valores sobre los cuales nos inspiramos para escribirla? ¿Por qué se dan casos en los que un ciudadano que se equivoca en algo de buena fe paga muchas veces más que un delincuente? ¿Por qué nadie en este país que tenga experiencia empresarial quiere hoy pertenecer a una junta de una empresa que tenga algo que ver con el Estado o hasta con el bien público? ¿Por qué en cambio puede ocurrir que se esfumen olímpicamente los dineros que eran para llegar con internet para los niños a las zonas más apartadas y pobres de Colombia? ¿Cómo puede alguien hacer lo mismo dos veces con sumas tan altas? ¿Qué nos está pasando?

    ¿Dónde está nuestra compasión? ¿Dónde está nuestra vergüenza? Si no son sagrados los recursos para la alimentación y la educación de nuestros niños ¿entonces que lo es? ¿Qué nos pasa?

    En fin. Seguro alguien encontrará los argumentos para desmentirlo o para enfocar la discusión social en un blanco desprevenido para desviarla. A eso también nos hemos acostumbrado. Pero ese tipo de debate no es el objetivo de esta nota. El objetivo es solo pedir a todos y cada uno de ustedes los lectores que nos unamos en la simple pero efectiva causa de hablar por los que no pueden hablar por sí mismos, de defender lo que ellos no pueden defender y de reclamar lo que a ellos les corresponde.

    Ya todo lo demás pertenece al mundo de la discusión y el ejercicio de la política y de la conducción administrativa y legal de nuestro País. Nuestro alcance no es ese y tampoco nuestra intención. Cada uno tendrá como ciudadano su visión y su convencimiento de que es lo que considera mejor para este suelo.

    Lo nuestro son las niñas y niños de Colombia. Las pequeñitas y pequeñitos que mañana con su formación harán sus propias políticas y las aplicarán al territorio. Es acerca del potencial que hoy tienen. De su futuro y de lo que ellos como personas plenamente formadas podrían mejorar para bien de la patria y de la sociedad. Es acerca de lo que ellos proyectarán a sus nuevas generaciones cuando ya nosotros no estemos allí.

    Y quien quita. De pronto si nosotros hacemos nuestra parte por ellos hoy, entonces serán la generación que encontrará mucho más progreso armónico y consolidará una paz durable. ¡Es que ellos son el futuro de Colombia!

     

    Gonzalo Restrepo L.

    Presidente Junta Directiva Fundación Exito

    Suscríbete a nuestro boletín y conoce todo lo que hacemos